sábado, 30 de agosto de 2014

Preguntas y respuestas en el siglo XXI


En el siglo XIX…
En el siglo XIX el objetivo era conseguir que el alumno memorizara las respuestas correctas a unas determinadas preguntas. Por ejemplo: ¿cuánto es 2+2? o ¿cuáles son las capitales del mundo?.

El profesor/a exponía algunas preguntas, enseñaba las respuestas, y el alumno debía ser capaz de repetirlas.
Esto les preparaba para ser ciudadanos competentes en la Sociedad Industrial.


En el siglo XX…
En el siglo XX el objetivo era conseguir que el alumno fuese capaz de encontrar y construir las respuestas. Porque mientras 2+2 seguían siendo 4, las capitales del mundo cambiaban muy rápidamente.

El profesor/a planteaba unas preguntas. Y el alumno debía ser capaz de buscar información. En los años setenta utilizaban libros y enciclopedias o hacían experimentos físicos. Posteriormente los alumnos utilizan la Red. Con esa información y datos el estudiante debía poder construir las respuestas.
Esto les preparaba para ser ciudadanos competentes en la Sociedad de la Información.


En el siglo XXI...
En el siglo XXI el objetivo es conseguir que el alumno sea capaz de construir las preguntas (y luego encontrar las respuestas). Porque no estamos seguros de si el resultado de 2+2 o los nombres de las capitales del mundo son las preguntas más importantes a plantear.

Ahora, en esta sociedad en constante cambio, la clave es ser capaz de conocer qué necesitamos saber en cada momento (y por supuesto, cómo aprenderlo). Y para eso hay que enseñar a nuestros a alumnos a ser capaz de analizar una situación y encontrar los elementos clave, los interrogantes sin resolver, aquellos que nos permitirán comprender y desenvolvernos con éxito.
Esto les preparará para ser ciudadanos competentes en la Sociedad del Aprendizaje.


¿En qué siglo se encuentra nuestra escuela?

¡Vaya usted a saber!



En un blog no hay mucho espacio para extenderse en este tema. Pero hay muchas más connotaciones y elementos en este planteamiento.  En otras entradas completo ésta. Por ejemplo, cuando "lo importante no son las preguntas".

O puede leerse la conferencia en Edutec 2014 disponible en ResearchGate o directamente en: http://www.lmi.ub.edu/personal/bartolome/articuloshtml/2014_edutec.pdf


Imagen:
Bartolomé, A. (2012). Escuela del siglo XIX o comienzos del XX en New Zealand.
Distribuida bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.

lunes, 25 de agosto de 2014

Si teme los terremotos, no intente ser maestro

Según Elizabeth Green (1*) sólo podemos comparar a los maestros con los médicos cuando éstos atienden en una sala de emergencia en una situación de desastre natural. En un terremoto, vamos. Y eso porque en condiciones normales un médico recibe a una sola persona a la vez (no a 30), y además ese paciente generalmente ha ido allí porque deseaba su ayuda (lo que pocos maestros pueden decir de todos sus alumnos).

Nunca me lo había planteado así, pero recordando la época en que fui profesor con niños pequeños y con adolescentes creo que la imagen es bastante aproximada a la realidad.

Lo que más me interesó es la importancia que Green da a la formación en la práctica: discutiendo entre maestros cómo se puede enseñar mejor algo, comparando su forma de trabajar, leyendo y reflexionando. Bueno, esto es algo no precisamente presente en muchas de nuestras instituciones, ni las que forman a los maestros ni en las que trabajan.

Y hay un aspecto que afecta especialmente a este blog que habla de tecnologías. En los años sesenta en España mirábamos atónitos cómo Stanford se podía permitir utilizar la microenseñanza (microteaching) para preparar a los maestros y decíamos:
- ¡Ojalá tuviéramos aquí dinero para filmar a los alumnos en un ejemplo de clase práctica para que se autoobservaran!

Y han pasado los años. Llegó el vídeo, el vídeo ligero, el ultraligero, y el vídeo en cualquier bolsillo. Ahora tenemos la oportunidad de grabarnos dando clase, tanto los futuros maestros como los maestros en ejercicio. Y comentar esas grabaciones y discutir qué podía mejorarse y cómo.

Lo hacen los deportistas y lo hacen los actores. En Brasil, las selecciones tenían un portero preparado entrenado exclusivamente para parar penaltis. Y eso a base de observar cientos de veces a los delanteros de los otros países.

Pero nosotros, no. Preferimos gastar dinero en pizarras digitales interactivas o en complejos sistemas de aprendizaje adaptativo, en tecnologías incipientes o en tecnologías directamente inútiles (todas en general demasiado caras). Y nos olvidamos del vulgar vídeo (incluso en un teléfono móvil) y la autoobservación (mejor, en grupo) que está al alcance de todos y que, más importante todavía, nos ayudará a mejorar nuestras clases.

Ya sé, también están nuestros miedos, recelos frente a los colegas (a veces, justificados), inercia… Pero sobre todo sigue estando nuestra presunción de que no necesitamos observarnos para saber qué hacemos bien.

¡Atrévase a grabarse en clase y analizarse con sus compañeros y compañeras!. A fin de cuentas, si es maestro quiere decir que no le tiene miedo a los terremotos.


(1*)
Esta entrada recoge las opiniones expresadas en la entrevista que hace Libby Nelson a Elizabeth Green, a raíz de la publicación de su libro “Preparando un mejor profesor” (Building a Better Teacher):
“Why teachers have a tougher job than doctors”, en Vox, 4/8/2014
http://www.vox.com/2014/8/4/5959389/building-better-teacher-elizabeth-green-japan-teaching-math

Imagen:
Bartolomé, A. (2012). Efectos del terremoto en Christchurch, Nueva Zelanda.
Distribuida bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.
Licencia de Creative Commons

viernes, 22 de agosto de 2014

No basta con que sea de su talla (Adaptive shoes)

Mire, Vd. va a comprarse unos zapatos. Y entra en una tienda y comienza a probarse unos cuantos. En esta tarea le acompaña su esposo/esposa/madre/amiga/vecino… y, por supuesto el vendedor o vendedora. ¿Quién tomará la última decisión sobre la compra? ¿Quién sabe realmente si son cómodos o le rozan el pié?

Por supuesto, hay que escuchar todas las opiniones, tenerlas en cuenta, … pero al final, Vd. tomará la decisión que marcará su futura felicidad al caminar. Una sencilla metáfora, una sencilla historia.

Pero aparece el vendedor, un vendedor nuevo y moderno, ingeniero, guapo él (o ella), y le dice:
- ¡No!, no me diga más. No necesito su opinión. Tengo un ordenador superinteligente que le mirará los pies, el modo como camina, los trayectos que debe realizar y mil otros parámetros. Y le va a decir qué zapatos debe comprar (y con suerte, dónde debe ir con ellos).
Eso es lo que sucede con el Aprendizaje Adaptativo (1*). Que pretende diseñar el itinerario de aprendizaje del estudiante en vez de facilitarle que sea él quien lo haga.

Claro que frente a un viejo vendedor que les recomienda a todos los clientes el mismo zapato, posiblemente sea preferible este vendedor moderno (¿moderno?). Eso es lo que argumentan los ingenieros amantes del Aprendizaje Adaptativo. Pero es que existen otras opciones. Por ejemplo el aprendizaje basado en problemas (2*), o potenciar más la autorregulación del aprendizaje. O incrementar la participación del estudiante.

Porque mire, el aprendizaje adaptativo tiene dos grandes problemas:

El primero es que no sabemos lo suficiente para hacerlo bien. Que el ser humano es mucho más complejo que lo que miden esas analíticas de aprendizaje, que existen muchos factores que no están teniendo en cuenta (sociales o individuales, personales y específicamente emocionales, toda la historia personal y familiar anterior, presente y futura…). Vamos, que todavía no hemos autorizado a una máquina a conducir un coche sin conductor por las calles y ya estamos permitiéndole que conduzca a un niño/a por la vida.

El segundo es que la clave para que un aprendizaje tenga éxito radica en que el estudiante participe, se implique, haga suyo ese proyecto de aprender, esos objetivos, ese camino. Al niño o joven le da igual quien le diga lo que ha de hacer o estudiar sea un maestro/a o una máquina: no es su problema, no es su negocio, no es su vida. Porque su vida la escribe él, quiere escribirla él.

Y es que mire, cuando se vaya a comprar unos zapatos, no confíe sólo en que sea de su talla: pruébeselos y escoja aquellos que mejor le van. Aunque el vendedor le traiga unos “adaptive shoes”.




(1*)
Una descripción del  “adaptive learning” o aprendizaje adaptativo (García Béjar, n/d) dice:
Los modelos tradicionales de enseñanza, proponen seguir una ruta lineal de aprendizaje, donde a través de una única secuencia de clases y actividades todos los alumnos van adquiriendo diversos conocimientos. Sin embargo, cada alumno aprende a un ritmo y forma diferente. 
El aprendizaje adaptativo es un método educativo que modifica sus contenidos y formas de enseñanza de acuerdo a cada alumno. Para ello, se recolecta información sobre los hábitos de aprendizaje, conocimientos, debilidades y fortalezas de cada usuario para crear un plan de estudios a la medida. Se hace énfasis en las áreas donde los alumnos tienen más dificultades y se adaptan a la forma y ritmo de aprendizaje de cada uno, creando un camino de enseñanza personalizado, diferenciado y adaptativo único para cada estudiante.

Para quien haya estudiando mínimamente la enseñanza programada le parecerá estar leyendo a Skinner en sus propuestas de programa ramificado. Claro que hace 50 años.

Para quien haya estudiando mínimamente la Enseñanza Asistida por Ordenador, le parecerá estar leyendo algo sobre ICAI (Intelligent Computer Assisted Instruction). Claro que hace 30 años.

Pero no desesperemos, nunca es tarde para inventar la rueda, aunque en este caso sea una rueda con problemas.
García Béjar, Ezequiel (n/d). Qué es “Aprendizaje Adaptativo”. En CEDDIE.
http://centrodeinnovacionytecnologia.blogspot.com.es/2014/01/que-es-aprendizaje-adaptativo.html

(2*)
Debo decir que esta entrada está inspirada en el blog de Andrew Miller y su entrada: “Personalized PBL: Student Designed Learning
http://www.edutopia.org/blog/personalized-pbl-student-designed-learning-andrew-miller

(3*) Imagen cortesía de Granier y sus zapatos (ver el blog "Tabasco-la agonia del Eden"):
http://peje-lagarto.blogspot.com.es/2013/05/granier-al-desnudo.html

sábado, 16 de agosto de 2014

Aprender no es una actividad seria

Aprender no es una actividad seria. Enseñar tampoco. Lo siento.

Aprender es una actividad emocionante. Aprender es interesante, divertido o, cuanto menos, no es aburrido. No me refiero a “aprender lo que dice el profesor” sino realmente a aprender cuando aprendemos. Porque aprender es una actividad sorprendente, apasionante y que provoca en nosotros satisfacción después del esfuerzo. Y enseñar también.

Este comentario viene a cuento de una pregunta planteada en ResearchGate:
¿Debe un profesor centrarse en un aprendizaje riguroso o en uno entretenido? (1*)

Y la pregunta incluía afirmaciones como “se dedica mucho tiempo a agradar a los estudiantes, conocerles personalmente, construir buenas relaciones, y contar chistes creando humor. El foco se centra más en un buen feedback que en el rigor”.

Las respuestas en general han sido muy acertadas y vale la pena leerlas. Pero sobre todo vale la pena dejar de pensar que necesitamos enseñar de forma “seria” y “rigurosa” o que aprender debe ser una actividad “seria” o “rigurosa”. Aprender, lo que se dice aprender de verdad sólo puede ser una actividad maravillosa. Lo otro es retener conocimientos provisionalmente, a corto plazo, para poder alcanzar una nota.

Y en este contexto vale la pena releer (o reescuchar) a Carol Dweck sobre tener una mentalidad fija o capaz de crecer: "La Felicidad y sus causas" (2*, lamentablemente solo en ingles).

Aprender no es una actividad seria, es una actividad feliz. Y enseñar también.


Imagen por cortesía de Pequebebés